La miastenia gravis, o MG, es una enfermedad autoinmune crónica que afecta a la comunicación entre los nervios y los músculos. Provoca debilidad en los músculos que se usan para movimientos como ver, hablar, tragar, caminar y respirar. La debilidad suele aumentar con la actividad y mejorar con el descanso.
La MG no es contagiosa y, por lo general, no se hereda directamente. Los síntomas y la gravedad varían mucho, pero el tratamiento puede ayudar a muchas personas a controlar la enfermedad y mantener su calidad de vida.
La MG se produce cuando el sistema inmunitario interrumpe por error las señales entre los nervios y los músculos. Los anticuerpos bloquean o dañan las proteínas que los músculos necesitan para recibir los mensajes de los nervios, lo que provoca debilidad.
Entre los anticuerpos más comunes están los contra el AChR, el MuSK y el LRP4. Hay personas en las que no se detectan anticuerpos y se dice que tienen una MG seronegativa. El timo también puede influir, aunque aún no se conoce del todo la causa exacta de la MG.
La MG ocular afecta a los músculos que rodean los ojos y puede provocar que se te caigan los párpados o que veas doble.
La MG generalizada afecta a otros músculos, como los que usas para hablar, tragar, respirar, caminar y levantar cosas.
La MG también se puede clasificar según el tipo de anticuerpo, como la MG AChR-positiva, MuSK-positiva, LRP4-positiva o seronegativa.
La MG juvenil aparece durante la infancia o la adolescencia. Los síndromes miasténicos congénitos también provocan debilidad muscular, pero son enfermedades hereditarias, a diferencia de la MG autoinmune.
El tratamiento depende de los síntomas, los niveles de anticuerpos, tu estado de salud general y los músculos afectados. Los medicamentos pueden mejorar la comunicación entre los nervios y los músculos o reducir la respuesta inmunitaria que provoca la MG.
Otras opciones pueden ser tratamientos inmunológicos específicos, inmunoglobulina intravenosa, plasmaféresis o una operación para extirpar el timo. Los planes de tratamiento son personalizados y pueden cambiar con el tiempo.
Cualquiera puede desarrollar MG, y no se conoce ninguna forma de prevenirla. No está causada por el estilo de vida ni por la actividad física.
La MG se diagnostica con más frecuencia en mujeres adultas jóvenes y en hombres mayores, aunque puede afectar a personas de cualquier edad o sexo. Las personas que padecen otra enfermedad autoinmune pueden tener más probabilidades de desarrollar MG.
Los cambios en el timo, como el agrandamiento del timo o un timoma, también están relacionados con la MG. La genética puede influir en la susceptibilidad, pero la MG autoinmune no suele heredarse directamente.
Entre los síntomas más comunes se encuentran la caída de los párpados, la visión doble, la dificultad para hacer gestos faciales y la debilidad en los brazos, las piernas o el cuello.
La MG también puede provocar voz débil o arrastrada, dificultad para masticar, atragantamientos, problemas para tragar o dificultad para respirar. Los síntomas suelen empeorar tras realizar actividades repetidas y pueden mejorar tras descansar.
Puede que te sientas con más fuerzas por la mañana, pero que luego, tras hacer algo, te sientas más débil. Como los síntomas no siempre se notan, es posible que los demás no se den cuenta de hasta qué punto la MG afecta a tu día a día.
El diagnóstico puede incluir un examen neurológico, análisis de sangre para detectar anticuerpos relacionados con la MG y pruebas que miden la comunicación entre los nervios y los músculos.
Se pueden utilizar pruebas de imagen torácicas para examinar el timo, mientras que pueden ser necesarias pruebas respiratorias si se sospecha de debilidad respiratoria. El diagnóstico puede llevar tiempo, ya que los síntomas de la MG pueden parecerse a los de otras enfermedades.
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SOP • Resistencia a la insulina • 2 análisis anteriores



