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¿Qué es el lupus?

El lupus es una enfermedad autoinmune crónica en la que el sistema inmunitario ataca por error a los tejidos sanos. Esto provoca inflamación que puede afectar a las articulaciones, la piel, los riñones, el corazón, los pulmones, las células sanguíneas o el sistema nervioso.

Los síntomas varían mucho de una persona a otra. El lupus suele alternar entre brotes, en los que los síntomas se intensifican, y remisiones, en las que los síntomas mejoran o desaparecen. La forma más común es el lupus eritematoso sistémico, o LES.

¿Qué causa el lupus?

La causa exacta del lupus aún no se conoce del todo. Se cree que se desarrolla por una combinación de predisposición genética, cambios en el sistema inmunitario e influencias ambientales.

Entre los posibles factores desencadenantes se encuentran la luz solar, las infecciones, el tabaco y ciertos medicamentos. Sin embargo, estos factores no provocan lupus en todo el mundo, y la enfermedad no es consecuencia de nada que haya hecho la persona.

Tipos de lupus

El lupus eritematoso sistémico es el tipo más común y puede afectar a varios órganos y sistemas del cuerpo.

El lupus cutáneo afecta principalmente a la piel y puede provocar erupciones, llagas o sensibilidad a la luz solar. Entre sus formas se encuentran el lupus cutáneo discoide y el subagudo.

El lupus inducido por fármacos es una reacción a ciertos medicamentos. Los síntomas suelen mejorar una vez que se deja de tomar el medicamento responsable, bajo supervisión médica.

El lupus neonatal es una enfermedad poco frecuente que afecta a algunos bebés cuyos padres biológicos tienen unos anticuerpos concretos. Es diferente del lupus sistémico y suele ser temporal, aunque en ocasiones puede afectar al corazón del bebé.

¿Cómo se trata el lupus?

El tratamiento se adapta a cada caso según los síntomas, los órganos afectados y la gravedad de la enfermedad. Sus objetivos son controlar la inflamación, reducir los brotes, prevenir el daño orgánico y mejorar la calidad de vida.

Los medicamentos pueden incluir tratamientos antiinflamatorios, antimaláricos, corticosteroides, inmunosupresores y tratamientos biológicos. Puede que necesites medicamentos adicionales para controlar complicaciones como la hipertensión, los coágulos sanguíneos o la pérdida de densidad ósea. No debes dejar de tomar el tratamiento ni cambiarlo sin consultarlo antes con el atención médica .

Vivir con lupus

Es importante acudir a las citas periódicas y hacerse análisis de sangre y de orina, incluso cuando los síntomas están controlados. Llevar un registro del dolor, la fatiga, las erupciones cutáneas, la fiebre, la hinchazón, los medicamentos y cómo te afectan los síntomas en tu día a día puede ayudarte a prepararte para las citas.

La protección solar puede ser especialmente importante, ya que la luz ultravioleta puede provocar síntomas cutáneos o aumentar la actividad de la enfermedad en algunas personas. Una alimentación equilibrada, una actividad física adecuada, un descanso suficiente y no fumar también pueden contribuir a la salud general, aunque no sustituyen al tratamiento médico.

Cómo puede afectar el lupus a los órganos

La inflamación del lupus puede afectar a los riñones y provocar una enfermedad llamada nefritis lúpica. Los signos de alerta pueden incluir proteínas o sangre en la orina, hinchazón, hipertensión o cambios en la función renal, aunque al principio la inflamación renal puede no causar ningún síntoma perceptible.

El lupus también puede afectar al revestimiento que rodea el corazón o los pulmones, a los vasos sanguíneos, a los recuentos de células sanguíneas y al sistema nervioso. Algunas personas desarrollan anticuerpos antifosfolípidos, lo que puede aumentar el riesgo de coágulos sanguíneos. Los análisis de sangre y orina periódicos ayudan a detectar si algún órgano está afectado antes de que aparezcan síntomas graves.

Riesgos

Cualquiera puede desarrollar lupus, aunque es bastante más frecuente en las mujeres y suele aparecer entre la adolescencia y la mediana edad. Las personas que tienen un familiar cercano con lupus u otra enfermedad autoinmune pueden tener más probabilidades de desarrollarla.

El lupus también se diagnostica con más frecuencia en personas de ascendencia africana, asiática, hispana, indígena americana y de las islas del Pacífico. Tener uno o más factores de riesgo no significa que alguien vaya a desarrollar necesariamente lupus.

Síntomas

Entre los síntomas más comunes se encuentran la fatiga intensa, dolor o hinchazón en las articulaciones, rigidez matutina, fiebre, caída del pelo y llagas en la boca o la nariz. Los síntomas cutáneos pueden incluir una erupción en las mejillas y la nariz, manchas circulares escamosas o erupciones que empeoran tras la exposición al sol.

Otros posibles síntomas son dolores de cabeza, problemas de memoria o de concentración, inflamación de los ganglios, molestias abdominales y cambios de color en los dedos de las manos o los pies al exponerse al frío o al estrés. La hinchazón alrededor de los ojos o en las piernas, el dolor en el pecho al respirar profundamente y los cambios en la micción pueden indicar que hay órganos internos afectados. Los síntomas pueden aparecer poco a poco, ir y venir, y cambiar con el tiempo.

Diagnóstico

No hay ninguna prueba por sí sola que pueda confirmar el lupus. El diagnóstico se basa en los síntomas de cada persona, su historial médico y familiar, la exploración física y los resultados de laboratorio. Como los síntomas pueden aparecer en distintos momentos y parecerse a los de otras enfermedades, llegar a un diagnóstico puede llevar tiempo.

Las pruebas pueden incluir un análisis de anticuerpos antinucleares, análisis de anticuerpos más específicos, recuentos de células sanguíneas, pruebas de función renal y análisis de orina. Se puede recomendar una biopsia de piel o de riñón cuando parece que esos órganos están afectados. Un resultado positivo en los anticuerpos antinucleares por sí solo no significa que alguien tenga lupus.

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