La enfermedad de Graves es un trastorno autoinmune y la causa más común de hipertiroidismo. El sistema inmunitario produce anticuerpos que estimulan la glándula tiroides, lo que hace que esta libere un exceso de hormonas tiroideas y acelere muchas funciones del cuerpo.
Esta enfermedad puede afectar al corazón, los huesos, los músculos, la fertilidad, el embarazo y los ojos. La enfermedad de Graves puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en las mujeres y suele desarrollarse entre el inicio y la mitad de la edad adulta.
La enfermedad de Graves se desarrolla cuando las inmunoglobulinas estimulantes de la tiroides se unen al receptor de la hormona estimulante de la tiroides y activan la glándula. Aún no se sabe muy bien por qué se desencadena esta respuesta autoinmune.
La susceptibilidad genética interactúa con factores ambientales y hormonales. Fumar, el estrés intenso, el embarazo o el posparto, y otras enfermedades autoinmunes pueden influir en el riesgo o en la actividad de la enfermedad.
El diagnóstico suele incluir análisis de sangre para evaluar la función tiroidea, que muestran niveles bajos de la hormona estimulante de la tiroides y niveles elevados de las hormonas tiroideas, junto con pruebas de anticuerpos contra los receptores tiroideos. Cuando la causa del hipertiroidismo sigue sin estar clara, se puede recurrir a la captación de yodo radiactivo o a una ecografía de la tiroides.
Las opciones de tratamiento incluyen medicamentos antitiroideos, terapia con yodo radiactivo y cirugía de tiroides. Es posible que te receten betabloqueantes de forma temporal para controlar los temblores, las palpitaciones y otros síntomas adrenérgicos mientras se regulan los niveles de hormonas tiroideas.
El mejor tratamiento depende de la edad, la gravedad de los síntomas, el tamaño de la tiroides, si tienes pensado quedarte embarazada, si tienes alguna enfermedad ocular, otras afecciones médicas y lo que prefieras tú. Es necesario un seguimiento a largo plazo, ya que el tratamiento puede provocar hipotiroidismo o la enfermedad puede recaer.
Es necesario hacerse análisis de sangre periódicos para evaluar el funcionamiento de la tiroides, con el fin de ajustar el tratamiento y evitar tanto un exceso como una falta de hormonas tiroideas. Los pacientes deben informar a los médicos de todos los medicamentos y suplementos que toman, ya que los productos que contienen yodo y algunos fármacos pueden afectar al funcionamiento de la tiroides.
Dejar de fumar es especialmente importante porque el tabaco aumenta el riesgo y la gravedad de la enfermedad ocular tiroidea. El embarazo debe planificarse con la ayuda de un especialista, ya que el hipertiroidismo no controlado y algunos tratamientos pueden afectar tanto a la madre como al feto.
Acude al servicio de urgencias si tienes fiebre alta, agitación o confusión graves, vómitos o diarrea, debilidad notable, dolor en el pecho, desmayos o latidos cardíacos muy rápidos o irregulares. Estos síntomas pueden indicar una crisis tiroidea, una complicación poco frecuente pero potencialmente mortal del hipertiroidismo grave.
La enfermedad de Graves se puede tratar, y la mayoría de las personas consiguen niveles normales de hormonas tiroideas. Algunas entran en remisión tras el tratamiento farmacológico, mientras que otras necesitan un tratamiento definitivo y un tratamiento sustitutivo con hormonas tiroideas de por vida. Los síntomas oculares pueden seguir una evolución en parte independiente del control de la tiroides.
Entre los factores de riesgo se incluyen ser mujer, tener antecedentes familiares de la enfermedad de Graves u otras enfermedades autoinmunes, fumar, estar embarazada o haber dado a luz recientemente, sufrir estrés físico o emocional grave y padecer otra enfermedad autoinmune, como la diabetes tipo 1 o la artritis reumatoide. Si no se trata, la enfermedad puede provocar fibrilación auricular, insuficiencia cardíaca, osteoporosis, atrofia muscular, complicaciones durante el embarazo y crisis tiroidea.
Los síntomas pueden incluir pérdida de peso inexplicable a pesar de tener el apetito normal o aumentado, intolerancia al calor, sudoración, latidos cardíacos rápidos o irregulares, temblores, ansiedad, irritabilidad, insomnio, deposiciones frecuentes, debilidad muscular, cambios menstruales, disminución de la fertilidad y agrandamiento de la tiroides. Algunas personas presentan síntomas oculares como sensación de arenilla en los ojos, dolor, ojos saltones o visión doble, además de engrosamiento de la piel en las espinillas.
El diagnóstico empieza con la medición de la hormona estimulante de la tiroides (TSH), la tiroxina libre (T4 libre) y, a veces, la triyodotironina (T3). La enfermedad de Graves se confirma con la presencia de anticuerpos contra el receptor de la TSH o de inmunoglobulinas estimulantes de la tiroides.
Cuando los resultados de los anticuerpos no están disponibles o no son claros, la captación de yodo radiactivo puede mostrar un aumento difuso de la actividad tiroidea. La ecografía Doppler puede revelar un aumento del flujo sanguíneo y resulta útil cuando hay que evitar la radiación, por ejemplo, durante el embarazo. Se pueden añadir un electrocardiograma y pruebas óseas o hepáticas según los síntomas.
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SOP • Resistencia a la insulina • 2 análisis anteriores



